Aprendizaje basado en proyectos vía telefónica en Quinhuaragra, Ancash

(Foto cortesía de Gabriela Gonzáles, 2020)

Contexto

Gabriela Gonzales es Licenciada en Marketing y profesional de Enseña Perú. Durante el período 2019-2020 enseñó a niños del tercer y quinto grado de primaria en la escuela primaria Nº 86953 ubicada en el Centro Poblado de Quinhuaragra, distrito de San Marcos, provincia de Huari, Ancash. La escuela es gestionada por una directora, quien también se desempeña como docente. Junto a ella, tres maestros del estado y otros tres de Enseña Perú conforman la plana docente que atiende a 50 estudiantes de primaria.

Nos cuenta Gabriela que la escuela cuenta con una buena infraestructura: cocina, biblioteca y dos salas de cómputo operativas. Para el 2020 se planeaba la renovación de 3 aulas pero la pandemia lo impidió. Otra fortaleza de la escuela en la presencialidad era la preparación y seguimiento a la labor docente tanto de la escuela como de la UGEL.

Los retos de la transición a la educación a distancia

Con la llegada de la pandemia, el primer reto que tuvieron que enfrentar fue que los niños y niñas no tenían acceso a internet, radio o televisión; la conexión telefónica era deficiente durante las épocas de lluvia y los pocos alumnos que podían acceder a celulares, solo contaban con teléfonos básicos. La respuesta de la dirección fue distribuir rápidamente las guías de autoaprendizaje entre estudiantes. Y, progresivamente las familias fueron arreglando radios, adquiririendo celulares y buscando alternativas de apoyo entre vecinos para llevar clases juntos. En pocos meses la mayoría de estudiantes pudo acceder al contenido de “Aprendo en Casa” ya sea por radio o TV. 

El segundo reto fue la carencia de competencias digitales de la mayoría de docentes. Gabriela y sus colegas tuvieron que fortalecerse mediante capacitaciones de PerúEduca, la UGEL y Enseña Perú. Otro espacio importante para su formación fueron las reuniones colegiadas, en las cuales los docentes compartían buenas prácticas, lecciones aprendidas, y también reflexionaban sobre los desafíos compartidos. 

A partir de las capacitaciones de PerúEduca, Gabriela entendió que era necesario reformular las antiguas concepciones de su rol como docente para pasar a un enfoque de aprendizaje activo. Desde esta perspectiva, los niños y niñas son gestores de su propio aprendizaje y el rol del docente es el de facilitador y acompañante del proceso. Todo esto difería mucho de la experiencia que la docente había tenido en la comunidad. Ahí, los y las estudiantes dependen mucho de la presencia del profesor para aprender. “El docente de escuela rural – nos dice Gabriela – generalmente vive en la comunidad o vive cerca de la comunidad, los acompaña (a los estudiantes)”. Por ello, era necesario fomentar la disciplina y motivar a los estudiantes para que adopten este nuevo enfoque.

El tercer reto era trabajar con los padres y madres de familia. Con la presencialidad, Gabriela explica que:

“Los padres encontraban en la escuela un refugio: las primeras horas del día los padres se encargaban de trabajar. Los niños regresaban a casa, ellos podían continuar con las tareas”.

La educación a distancia requería un papel más activo de parte de las familias. Un aliado clave para esta transición fue la gestión realizada por la dirección de la escuela. Además, varias familias aumentaron las responsabilidades de sus niños en el hogar. El equipo directivo se encargó de consolidar un directorio de padres y madres de familia, y los motivó a priorizar el año escolar a distancia.

(Imagen cortesía de Gabriela Gonzáles, 2019)

Aprendizaje basado en proyectos vía telefónica

En la educación remota, Gabriela considera que la planificación es muy importante. Inicialmente, ella intentó trasladar su modo de trabajo presencial al entorno remoto, pero no obtuvo los resultados esperados. Los estudiantes presentaron complicaciones especialmente en matemática y ciencias. De esta experiencia, Gabriela determinó la necesidad de diferenciar los momentos y contenidos que iba a trabajar con los estudiantes por teléfono y las actividades que ellos debían realizar solos. En base a esto, la docente planifica sus sesiones a distancia estableciendo objetivos de aprendizaje y estrategias para la semana, adaptando recursos y rúbricas, preparando materiales, y revisando guiones de contenido de “Aprendo en Casa” para anticipar posibles preguntas de estudiantes o brechas de conocimiento.

Así fue que implementó los aprendizajes basados en proyectos con los seis estudiantes que tenía a su cargo. El primero fue un proyecto de investigación con motivo de las fiestas patrias. El objetivo de esta actividad era crear un mural en sus hogares que represente la diversidad del Perú. Para hacerlo, los estudiantes deberían recurrir a nuevas fuentes de información, además de los recursos y personas que tenían a su alrededor. Gabriela convocó a profesionales de instituciones aliadas para que compartan información y perspectivas con sus estudiantes a partir de una guía de entrevista desarrollada por ellos mismos bajo la supervisión de la profesora. Luego de ello, parejas de estudiantes entrevistaron telefónicamente a un(a) invitado(a) con el acompañamiento de la docente. 

(Imagen cortesía de Gabriela Gonzáles, 2020)

Fue algo mágico”, indica Gabriela. A través de las entrevistas, sus estudiantes desarrollaron mayor autonomía y pudieron contar con información a la que normalmente no tendrían acceso para plasmar conocimientos de realidades diferentes a las suyas en su propio mural. 

Mediante esta experiencia Gabriela logró integrar diferentes áreas a partir de un mismo proyecto. Por ejemplo, conectó “arte y cultura; comunicación, haciendo las entrevistas; matemática, para calcular áreas y perímetros al armar el mural; personal social, para valorar la identidad cultural; ciencia (…) en la preparación de comida, el charqui, el chuño, ¿cómo se hace eso?”.

Asimismo, esta estrategia permitió a los estudiantes enviar sus evidencias de aprendizaje con una frecuencia quincenal. Esto facilitaba que los estudiantes que no contaban con celulares para mandar las evidencias diariamente no se desmotivaran.

El segundo proyecto de Gabriela se enfocó en el trabajo de las habilidades de expresión oral a través de la elaboración y narración de historias de resiliencia durante la pandemia con el objetivo de que sus estudiantes puedan inspirarse e inspiren a más personas dentro de su comunidad. Ella buscó que en la narración de las historias, sus estudiantes trabajaran la oralidad “comunicando emociones, comunicando personajes, emitiendo una opinión”. 

Para lograr este objetivo, aplicó un programa de mentorías, para el que nuevamente articuló esfuerzos con líderes, esta vez, de Enseña Perú. Gabriela reclutó un grupo de voluntarias, a quienes capacitó en el trabajo vía telefónica con los niños. A sus estudiantes les presentó la dinámica de trabajo y les proporcionó una ficha de autoevaluación que les serviría de guía durante el proceso. En las sesiones de mentoría, las mentoras brindaban retroalimentación a los avances presentados por los estudiantes, y estos completaban su ficha de autoevaluación. Las mentoras también ofrecían actividades de reforzamiento y pautas de mejora, previamente coordinadas con la docente. A través de esta dinámica de trabajo, ella pudo observar que sus estudiantes mejoraban no sólo sus habilidades de comunicación oral, sino también la confianza en sí mismos y en lo que eran capaces de alcanzar.

Acompañamiento socioemocional a los niñas y niñas

La pandemia supuso un cambio no solo respecto a la manera en que se enseñaba a los niños, sino también en el aspecto psicológico. Las nuevas responsabilidades, el cambio en sus rutinas y las mismas preocupaciones por la enfermedad impactaron en su psique y era necesario acompañar estos procesos. Para el éxito de la educación remota no bastaba con un diagnóstico de los aprendizajes de los estudiantes sino también había que incluir aspectos de la vida personal que influyen en lo académico. Por ello, Gabriela puso énfasis en conversar con sus estudiantes sobre su situación diaria y eso los incentivó a seguir en contacto telefónico con ella. Gabriela resume esta preocupación en una frase: “conocer al estudiante como tal: como persona”.

Asimismo, Gabriela trasladó una buena práctica del aula hacia el espacio remoto: la “cultura de aula”, orientada a establecer una comunidad de aprendizaje sólida y solidaria a pesar de la distancia física. La profesora promovió que sus estudiantes formularan un objetivo colectivo a través de la pregunta “¿Qué queremos lograr al finalizar el año como aula?”. Con esta pregunta en mente, cada cierto tiempo, los estudiantes reconocían que “no es aprender por aprender o cumplir por cumplir, sino realmente querían lograr más”. El éxito de esta práctica se vio reflejado también en la evolución de las llamadas con sus estudiantes. Gabriela realizaba llamadas diarias de una hora con cada uno de sus seis estudiantes. Luego, llamaba por pares a los estudiantes que estaban avanzando al mismo ritmo. Finalmente, pudo comunicarse con todo el salón al mismo tiempo mediante una llamada conjunta.

(Imagen cortesía de Gabriela Gonzáles, 2020)

Además, la profesora estableció expectativas de trabajo altas para sus estudiantes. Diversos estudios muestran que las expectativas altas de los profesores están correlacionadas con la mejora en los logros en los aprendizajes de sus estudiantes. y con motivar a los estudiantes a desempeñar un rol más autónomo en su proceso de aprendizaje. 

Sin embargo, los estudiantes no son los únicos que requieren de este acompañamiento socioemocional. Los docentes también se vieron afectados por los cambios de la pandemia. Para Gabriela, las instituciones encargadas de hacer el seguimiento a los docentes debían averiguar “cómo acompañar al docente en lo virtual. No solamente en el apoyo teórico: cómo desarrollar las clases; sino también en apoyar en el lado psicológico” debido a las nuevas necesidades que se desprenden de la educación a distancia en este contexto. Los docentes debieron lidiar con fuertes cargas de trabajo para capacitarse ellos mismos en la transición y poder acompañar exitosamente a sus estudiantes.

Imaginando el futuro

Gabriela considera que no nos vamos despedir de la educación a distancia en un futuro cercano. Pero a diferencia del año 2020 en el que enfrentamos por primera vez la incertidumbre de la pandemia, ella expresa sentirse “más optimista en cómo vamos a tomar este año porque ya lo hemos vivido. Los estudiantes ya están más cercanos a estas herramientas virtuales, los profesores también”. Además, ella ve abundantes oportunidades para seguir desarrollando habilidades digitales tanto en docentes como estudiantes. Expresa que a través de su periodo de trabajo como profesional de Enseña Perú ha visto la importancia y el impacto de la alfabetización digital desde los primeros años de educación primaria. 

Frente a un eventual regreso a la presencialidad Gabriela anima a no perder de vista lo que nos ofrece el mundo digital más allá de una respuesta de emergencia: la conexión con personas de otras culturas, el acceso a diversas fuentes de información, la expansión de habilidades de investigación y aproximación crítica a diferentes contenidos, la disponibilidad de contenidos multimedia para fines educativos, entre otras ventajas. 

Conclusiones

El contexto de la pandemia y la migración a la educación remota han traído retos, pero también oportunidades. En el caso de la experiencia de Gabriela, el cambio le dio la oportunidad de redefinir su labor como docente y promover en sus estudiantes la autonomía para hacerlos responsables de su propio proceso de aprendizaje. Esto solo fue posible generando una cultura de aula y altas expectativas para los estudiantes. La combinación de estos factores proporcionó un espacio de vinculación colectiva entre los estudiantes que los motivó a continuar aprendiendo. Asimismo, la participación de actores clave que confiaron y fomentaron la autoconfianza de sus alumnos también fue clave. La creatividad también se vio plasmada en la articulación que la docente hizo con actores externos para proporcionar nuevas fuentes de información a sus estudiantes haciendo uso de los recursos que tenían a la mano, como los teléfonos básicos. 

Las innovaciones que Gabriela incorporó en su aula remota fueron incentivadas por las capacitaciones que recibió tanto de PerúEduca como de Enseña Përú. Al respecto, es importante destacar también la distancia existente entre los contenidos proporcionados por la plataforma del Estado y la realidad que los docentes de comunidades rurales encontraban en su contexto. En este sentido, es importante llamar a la reflexión a los gestores educativos respecto a la necesidad de crear contenidos enfocados a estas realidades que cuentan con menos facilidades que las escuelas de ámbito urbano.

(Imagen cortesía de Gabriela Gonzáles, 2019)