Comunicadora social y psicóloga independiente
desarrolla temas sociales y educativos para las comunidades por
encargo de empresas mineras.
“¡Eso no me sirve! Quiero que me den plata, trabajo, ¡maquinaria!”, lo ha oído
mil veces. En realidad, está acostumbrada; y sabe qué sigue a eso: unos meses
después, esos papás, esas mamás, le estarán agradecidos por los resultados que
ven en sus hijas e hijos.
Fue por ello que regresó a Mirave, e es un centro poblado del distrito de Ilabaya, ubicado a 115 kilómetros
de Tacna., donde el huaico de 2019 tuvo graves secuelas seguían siendo brutales en niñas, niños y adolescentes; y cómo no, si se
trataba de sobrevivientes que —en varios casos— habían visto desaparecer a sus
familias. Unos presentaban cuadros de estrés postraumático; otros, pesadillas, depresión. Ante esto, el director del colegio pidió ayuda a Southern y este le encargó
el caso a Almendra. Ojo: en plena pandemia. Un caso realmente complicado.
La profesional descartó los talleres virtuales, partió a la zona respetando los
protocolos de bioseguridad. ¿Por qué? Urgía que esos menores y sus padres la
vieran en persona, la escuchasen, la sintiesen presente. Empezó con talleres de
acompañamiento, siguieron otros más. El común de los adolescentes creía no
tener futuro. Para Almendra eso era desgarrador. El 2021, sin embargo, luego de
dos años de intensa y amorosa labor, una parte de ellas y ellos ingresó al Colegio
de Alto Rendimiento de Tacna.