desde pequeña mostró interés por la naturaleza y por entender cómo funcionan las cosas. Desarrollar esta curiosidad la ha llevado a creer que las personas deben tener mayor conciencia y empatía sobre el impacto que sus acciones tienen en el mundo: “El hecho de pensar en el otro es colaborar en la generación de conciencia. Debemos cuestionarnos muchas tomas de decisiones del día a día que tienen que ver con nuestros patrones de consumo”, dice Andrea.
“Me acuerdo de que en la casa de mis abuelos no podía dejar comida en el plato, ni un grano de arroz. Si mi abuelo veía eso, lo recogía y se lo comía. Él decía: aquí no se desperdicia nada”, recuerda Pipo. “Esa mentalidad de realmente valorar lo que uno tiene me la enseñaron en casa”. Y desde su familia, ha intentado trasladar esos principios al país.