Description
Su familia vivía abocada al cultivo de tubérculos de altura
—papa, oca, olluco— en una zona próxima a la operación de Yanacocha, hecho
que propició que terminara conociendo a trabajadores de la mina.
Para cuando ese vínculo se inició, Evangelina tenía 12 años. Era la sétima de
nueve hermanos. Ninguno de los mayores había concluido la primaria. Quizás con
la intención de que su futuro sea diferente, de que tenga más oportunidades, los
ingenieros de la mina hablaron con su papá; le sugirieron que permita que sus hijos menores estudien, que acaben el colegio. Gracias a ese consejo, el 2006 ella
culminó su etapa escolar. “Mi sueño era terminar mi secundaria y seguir estudiando. Además, yo
tenía la idea de que algún día iría a trabajar ahí”
