Desde pequeña, creció en una familia que valoraba el servicio y el trabajo bien hecho. “Mi papá estaba dedicado a la enseñanza de Física y Matemática y tenía mucha pasión por ello. Mi mamá es contadora. Aprendí que organizarte financieramente te ayuda a cumplir varias metas y que la planificación a largo plazo es clave”. Esos ejemplos marcaron su manera de mirar el mundo y sembraron en ella una convicción que la acompañaría en cada etapa.
Desde sus años como estudiante, se interesó por aplicar sus conocimientos más allá del aula. Participó en proyectos interdisciplinarios en los que trabajó con profesionales y estudiantes de otras carreras. Fue parte de voluntariados universitarios, donde el contacto directo con comunidades le permitió entender el respeto a los saberes locales y la necesidad de adaptar el conocimiento técnico a contextos concretos. Esas experiencias le enseñaron que la ingeniería industrial no es solo eficiencia y productividad, sino también comprensión del contexto, sensibilidad social y capacidad de diálogo.