El primer encuentro de Mariella Leo Luna con el mono choro de cola amarilla no fue afortunado. Después de maravillarse ante este primate de tupido pelaje y de contemplar su hermoso hogar, entre árboles y nubes, la joven bióloga sufrió una torcedura, por lo que tuvo que ser llevada en “procesión” por una trocha, hasta llegar a la ciudad más cercana y luego a Lima. “No vas a regresar, ¿no?”, le preguntó su madre al ver a su hija veinteañera, estudiante de la Universidad Nacional Agraria La Molina (UNALM), con un pie vendado.
Mariella no respondió, pero 15 días después —tras liberarse de un yeso— estaba nuevamente rumbo a Amazonas, conduciendo una camioneta de segunda mano que su padre le había comprado. Estaba decidida a estudiar al mono choro.