Las mascotas siempre han estado presentes en la vida de Nieves. Su padre pertenecía a la Sociedad Protectora de Animales y terminó convirtiendo la casa en un albergue para perritos abandonados, gatos con más de siete vidas o loros que no hablaban. ¡Hasta un zorro que, de tan perdido que estaba en la ciudad, terminó moviendo la cola como un perro! La mamá de Nieves daba de comer y curaba a todos con mucha paciencia. Por suerte vivían en una casa grande en el sur de Lima, donde nacieron Nieves y sus cuatro hermanos, que también apoyaban con el cuidado del zoo familiar. Por eso, cuando en tercer año de secundaria Nieves se enteró de que existía la carrera de Medicina Veterinaria, de inmediato supo que esa sería su profesión. Lo que ella no sabía —y descubrió cuando ingresó a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos— es que la medicina veterinaria no solo se ocupa de cuidar y sanar a los animales, sino que tiene un rol más importante aún: velar por la inocuidad de los alimentos y de la salud pública.
¿Cómo así? Muy sencillo. La mayoría de las personas comemos carne de animales, y si esta contiene algún microorganismo, podemos adquirir una enfermedad zoonótica.